Justo Gómez López

La fotografía siempre ha sido una afición muy importante para mí. Un hobby. Nunca ha sido un modo de vida y creo que eso se nota. Me permite afrontar la actividad sin la presión que supone tener que generar los ingresos necesarios para paga las facturas.


Yo fotografío porque disfruto con ello. Y hago fotografía de Naturaleza porque me gusta estar en contacto con ella. Eso me hace sentir bien y a veces, solo a veces, se transmite en el producto final: una fotografía especial en la que el alma de la Naturaleza toca mi propia alma. Este es mi principal objetivo en la fotografía.


No obstante, en los últimos años esta afición me ha llevado a realizar algunos proyectos profesionales. No voy a enumerar todas porque no es el tema importante aquí y tampoco son tantos, pero mencionaré dos de ellas que me han hecho una especial ilusión y me han dejado mayor huella.

La primera experiencia destacada fue la organización, junto a mi socio y amigo Néstor Rodan, de dos ediciones de The Photo Week: una en la impresionante isla de Lanzarote y otra en la evocadora Costa Cantábrica.

Aunque implicó un esfuerzo organizativo y logístico considerable, la aventura compensó con creces. Estas convocatorias me pusieron en contacto directo con un amplio elenco de fotógrafos, tanto profesionales como aficionados, de los que aprendí de manera profunda: técnicas y enfoques profesionales, nuevas perspectivas artísticas y, sobre todo, lecciones humanas.

Compartimos debates intensos sobre imagen y narrativa, talleres prácticos al aire libre, rutas fotográficas que desvelaron rincones únicos y sesiones de crítica constructiva que impulsaron el crecimiento creativo de todos. Pero lo más valioso fueron los lazos forjados: largas horas fotografiando juntos, complicidades en el trabajo de campo y momentos inolvidables que transformaron una experiencia profesional en una comunidad vibrante y duradera.

La segunda tiene a su vez una doble vertiente (tambien junto a Nestor Rodan).
Durante un periodo de tres años estuvimos trabajando intensamente en el Parque Nacional de Timanfaya (Lanzarote) para la renovación de su banco de imágenes. Fotografiar Timanfaya es un honor y un placer en sí mismo, pero hacerlo de la mano y con la inestimable guía de los profesionales que dedican su vida a la conservación del Parque fué una experiencia que no puedo explicar con palabras. Estaré eternamente agradecido a todos ellos, desde su director hasta el último de sus colaboradores.

Como colofón, no nos quedó más remedio que editar un libro con una selección de las fotografías que tomamos. El libro se vende actualmente en el PN de Timanfaya y en alguno más de los centros turísticos de Lanzarote. También se puede conseguir on-line a través de este enlace.

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